Girando |
![]() |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
Pues sí, ya se puede decir que mi casa está completa y que podré comenzar a hacer reuniones sociales en plan inauguración de nuevo alquiler. El viernes, mirando en el servicio de consulta de disponibilidad de muebles de Ikea, comprobé que sí había unidades del sofá-cama que estaba esperando, mi ansiado Beddinge. Fui inmediatamente nada mas salir del trabajo y el encargado de los sofás, en un alarde de mecanicidad laboral, me dice: "está agotado". Le digo que en la consulta de disponibilidad me aparecía como disponible, el chico consulta y dice: ah, pues es verdad. Y sí, me lo compré, hice el trámite ese de pedirlo en la zona de los sofás, ir a las cajas con un papelito, pagar los euros correspondientes y gestionar el carisimo envío a domicilio, 36 euros por llevar un par de bultos que, sinceramente, ocupaban menos de lo que esperaba. Sorprendentemente me lo enviaban al día siguiente, en sábado, en la franja de 14 a 18 horas, sí, una franja un poco amplia pero como no tenía ningún plan concreto no me importó. Y sí (qué gusto con tantos "y sí"), lo trajeron, desmontado. Lo monté, lo enfundé, y ala, ahí está, recio como él solo, grandote como él solo. Y estoy muy contento porque mi casa ha ganado varios puntos en lo que a acogedora se refiere. Eso sí, si el artículo se llama Cama sofá y no sofá cama es porque el susodicho parece más bien una cama que puede pasar por sofá que lo contrario, porque el asiento es super ancho mientras que el respaldo no tanto, vamos, que te quedan las piernas medio colgando si quieres sentarte correctamente, pero como yo opto por posturas tipo: tumbado, con las piernas cruzadas encima del sofá, medio tumbado... pues no tengo problemas. Así que ya sabéis, cuándo queráis podéis quedaros a dormir. ¿Quiénes? si ya sabéis a quienes invito pa qué preguntáis. Anda que sóis... Besotes mil P.D.: No es el horrible de la foto, jejeje... Pues no, la verdad es que no es una novedad en mí pero no puedo con el fútbol, no es que lo odie, es que me aburre. No usaré el tópico ese de los once hombres en calzoncillos corriendo detrás de un balón pero es que no puedo. Y jugarlo tampoco, es más, es cierto lo de que yo corría detrás de un balón porque en el colegio, cuando tocaba jugar al fútbol yo solía correr detrás del balón, pero detrás detrás, a mucha distancia para que a nadie se le ocurriera pasarme el esférico en ningún momento. Pero ahora esto ya no es el colegio y aquí en el trabajo se presupone que te tiene que gustar el fútbol para hacer las noticias sobre el mismo. Nadie espera que te hayas tragado todo el Consejo de Ministros para hacer un resumen sino que asumirán que esperes a que llegue el teletipo resumen con el que elaborarás la noticia. Pero cuando se trata de fútbol, nada de nada, hay que saber y hay que verse el partido entero para poder hacer la crónica posterior porque esperar a la que envía EFE queda como feo. ¿Lo entendéis? no sé, yo no, la verdad. Y nada, tengo mi medio crónica con 15 minutos de partido que lleva el Barcelona con frases sueltas tipo: buenas oportunidades de gol en los primeros minutos. Ay, que ha marcado Ronaldinho mientras la barrera del Werder Bremen pegaba un saltito la mar de cuco, pero nada, por debajo se ha metido el gol del gaucho, ay, que estoy comentando una jugada. Estoy comentando una jugada.... Ay... Besotes mil Mi hermano dice que los anuncios de telefonía móvil por navidad son bastante gilipollescos. No sé, quizá no le falte razón aunque a mi me suele gustar creerme las cosas bonitas en los anuncios. Y lo dijo en referencia al señor ese de Vodafone que, con un asombroso parecido de voz y algo menos de físico a Fernando Alonso, te intenta hacer ver lo que te pierdes por no conocer a la gente que te rodea. Claro, que igualmente que no me he acercado nunca a ningún desconocido para intentar conocerlo, tampoco ningún desconocido se ha acercado a mí. A mi siempre me ha costado mucho hacer conocidos/amigos de la nada, de perfectos desconocidos sin un vínculo de unión entre ambos, un conocido o amigo que nos presente. No sé, es como cuando me dicen: para conocer chicos pues éntrale a alguno... y repito lo mismo, es que a mí nadie me ha entrado nunca, y, qué cojones, no me atrevo ni estoy seguro de que supiera cómo hacerlo. Claro que en Chueca, con los cuartos oscuros, ni siquiera hace falta un buenos días, jejeje... qué bonito, qué comunicativo, qué luminoso... Qué artículo tan desbarrante. Besotes mil Odio empezar los artículos con la palabra odio pero lo cierto es que odio los petardos, no puedo con la susodicha manía de los petardos. Llega la Navidad y ale, a comprar petardos en todas las tiendas, bueno, en todas, todas... hay algunas más propensas que otras. Anoche en una plazoleta cercana a mi casa unos chavalitos (leído en plan Torrente) tiraban petardos descojonados. Al margen de los peligros o lo ensordecedor de los mismos, lo de tirar petardos siempre me ha parecido una actividad bastante absurda, bastante pasiva con limitada capacidad de divertir al sujeto petardante. Enciendes una mecha, lo tiras lo más lejos que puedas de ti, se supone que contra el suelo, no contra nadie, el cacharrín explota y ya está, ahí se acabó todo. Reconozco que los petardos en tracas, en el contexto de una fiesta pueden ser símbolo de alegría e incluso algo divertido, pero así, en pandilla, en mitad de una plaza, tirar petardos, no se... a lo mejor es que yo soy un soso, que también puede ser cierto. Y sí, lo reconozco, me asustan, no puedo con sus explosiones, aunque vea de antemano que hay gente tirando petardos, no puedo, me sobresalto con cada explosión aunque sepa que se van a producir, aunque contraiga el cuerpo previamente al ruidaco, da igual, pego un brinco cuando explotan. Será el estrés, aunque estoy convencido de que si no se hubiera inventado la palabra estrés nadie lo sufriría. Besotes mil Se ha muerto Loyola de Palacio. Y sí, se ha muerto de cáncer, la que parece consagrarse como enfermedad universal. Y sí, también, como hace la gente pudiente, se fue a Houston. Es así de crudo, si puede$ te vas a Houston, si no puede$ te jodes. Pero parece que Houston se revela como algo no tan infalible como se nos había vendido. No sé, dentro de lo poco que profundicé en la figura de Loyola de Palacio es una mujer que me caía bien, me parecía muy fuerte, fuerte sin caer en la demagogia barata que en esta sociedad se cae con los famosos cuando se dicen frases como: "qué fuerte está siendo ante la enfermedad, cualquiera de nosotros no podríamos soportarlo". Fuertes, como ya he dicho alguna vez, suelen ser la mayoría de las personas que sufren ésta enfermedad, primero porque sí, sin más explicaciones, y segundo, porque no quedan más cojones. Besotes mil No me gusta el hecho de, en determinadas situaciones, tener que cumplir con un determinado papel, una determinada forma de actuar o comportarnos para sentirnos incluidos o para dar la sensación de que cumplimos con lo que la sociedad espera de nosotros. Supongo que todos, en mayor o menor medida lo hemos tenido que hacer alguna vez. Cuando me ha tocado desempeñar un papel o una forma de ser que no se corresponde del todo conmigo lo paso fatal, sinceramente. Esta mañana, viajando en Metro a las seis de la mañana, compartiendo mi madrugón con gente que en muchos casos volvía de marcha he coincidido en el vagón con un grupo de cuatro amigos que charlaba a grito pelado. Y gritaban cosas como: "tía, le he comido la boca durante cinco horas, se me ha hecho el coño agua", "tía, qué hija de puta eres, ojala te salga un cáncer y te mueras toda",... y frases por el estilo. Sí, las gritaban, no las hablaban, sino que las gritaban y eso que su público matinal no era muy numeroso. ¿Quiero decir con el párrafo anterior que estaban actuando, que estaban representando el papel que se espera de ellos? Sí, puede ser. ¿Insinúo que no tienen libertad para hacer lo que quieran y que los estoy juzgando? No, no insinúo que no tengan libertad, y sí, puede ser que los esté juzgando. ¿Y cómo los declaro? Pues falsos, no sé un poco falsos, sinceramente, porque, una cosa es la visibilidad y otra la astracanada. Y he planteado este caso porque es el que he visto esta mañana y porque es el que veo muchas veces cuando paseo por Chueca, abundantes episodios de histeria, histrionismo y exageración. En otros contextos vitales hay otros muchos ejemplos de falsedades. Ejercen ese papel social de la "mariquita mala" que consiste es ser malo porque sí, criticar todo y a todos, insultar con insultos super sofisticados, reirse de todo y de todos, y ¿por qué? no sé, quizá por una presunta rebeldía social contra la marginación, los insultos o las humillaciones sufridas por el colectivo gay y pagadas con un recelo y una autodefensa ante todo bicho viviente. No sé... No me hagáis mucho caso, he dormido poco y no razono. Besotes mil Este fin de semana, entre otras intensas actividades, fui al cine a ver el cacareado documental de Al Gore, ese que se llama "Una verdad incómoda", aunque claro, entre mi calidad de visionado y el estilo del "documental", se podría haber llamado "Una mentira muy incómoda". En primer lugar he de decir que vimos el pseudocumental en los cines Renoir de Madrid, en la plaza de los Cubos, una plaza llamada/conocida así porque hay cubos. La sala era un auténtico homecinema, con unas 7 u ocho butacas en unas doce filas, algo que, para pagar 6,50 euros me parece sinceramente un timo. Y a lo que voy. Había visto un trailer sobre el documental en el que se podían ver catastróficas imágenes sobre las catastróficas y seguro que seguras consecuencias que nuestra acción sobre la naturaleza tendrá en un futuro próximo. Claro, yo cuando pienso en un documental pienso en un trabajo audiovisual que aprovecha los elementos que, precisamente, los medios de comunicación ponen al servicio de la transmisión de determinadas ideas, hechos o conocimientos para ilustrarlos de una forma ágil, visual, comprensible y práctica. Resulta que el señor Al Gore se ha dado la vuelta al mundo con una conferencia muy visual, muy atrayente aunque quizá demasiado cargada de cifras sobre el cambio climático. Va por ahí cual estrella del rock con su chiringuito y sus power points deluxe y explica a la gente lo malito que está el planeta. La gente, fundamentalmente americanos, responde con cosas como: yeah, yessss, it’s true o elementos así propios más bien de un telepredicador. Solo faltan aleluyahs, así, con hache final. Digo yo que tras unas cuantas conferencias de éxito vendría un amigo del señor Gore, tipo Jhonny, o Walter, o su amigo hispano Josito y le propondría hacer un documental para transmitir su mensaje al mundo entero. Pero claro, ¿para qué molestarse en grabar imágenes, buscar testmonios, ilustrar metáforas, viajar cámara en mano por el mundo, visitar centrales nucleares, empresas automovilísticas, hogares ecológicos y demás familia cuando puedes coger la cámara, grabas la conferencia y ale, a cascarla? Sí, amiguitos, el documental de Al Gore, al margen de su mensaje y sus ideas, se limita a ser una de sus conferencias grabada con una cámara de cine, alternada con pequeños clips en los que vemos partes de la vida del señor Gore, entre ellos recordamos aquello de Bushmeganocontrampasquemaloquemaloqueesbushyquebienleiriaalmundosiyohubierasidoelpresidente. Y ya está, te plantas hora y media en el cine pensando que vas a ver un documental que te sorprenda, te haga reflexionar... y sí, hay datos que sorprenden y la reflexión asoma ligeramente pero la transmisión del mensaje es tan burda, tan basta, tan facilona que no, que te sientes ligeramente timado. Un último punto. Dejo claro que el tema me parece importante, me parece preocupante y me parece correcta su divulgación, aunque no sé si los cines son los medios más apropiados para este documental. Por cierto, en un documental así se espera mayor atención a lo que los ciudadanos de a pie podríamos hacer para poner nuestro granito de arena en la mejora del planeta pero este aspecto queda relegado sorprendentemente a los créditos finales. Al Gore, hay otras maneras, hijo, entre ellas, currártelo un poquito mas. Besotes mil Esta mañana me he hartado y he llamado a Repsol. Resulta que el lunes por la mañana llego a casa tras unos recados y me encuentro con que la caldera se había apagado. Y se había apagado porque se le había acabado su alimento, el propano así que ella, ni corta ni perezosa, se apagó. Y ahí estaban, las bombonas, como si nada, mirándome, con sus ojos ciclópeos y sus colores subidos. ¿Estáis vacías? Y ellas, en plan psicoanálisis: "Sí, nos sentimos vacías, como huecas, nos falta algo". Así que ni corto ni perezoso llamé al teléfono de la agencia distribuidora de las bombonas en el que una voz de anciana te pide que dejes tus datos y el pedido y te informa de que ahora "también puede realizar su pedido de agua y leche en este mismo teléfono". Este tipo de cosas en pleno siglo XXI te hace sentirte como en los años setenta, no sé, en plan revista de Lina Morgan pidiendo las bombonas y esperando que lleguen para hacer cosas básicas del hogar como cocinar o no pasar frío. Y a día de hoy las bombonas todavía no han llegado por lo que esta mañana he llamado al teléfono alternativo que ofrecía Repsol y he conseguido hablar con una señora de carne y hueso que, tras pedirme mi número de teléfono, me ha informado de la dirección en la que se esperaban las bombonas. Y no, no tenía, salvo por la calle, mucho que ver con mi casa así que le he rectificado los datos y me ha asegurado que mañana las traerán. ¿Qué cómo hago para pagar las bombonas? Se usa el viejo truco de "deje el dinero debajo de las bombonas vacías". Así que ha tomado nota de la dirección correcta y de mi pedido: dos bombonas de "propanito". Espero que el "propanito" sea lo mismo y no me explote el invento. Y ahí se han quedado mis dos bombonas, vacías por dentro pero montadas en el euro. Besotes mil P.D. Espero que el repartidor deje el cambio y no se cobre la propanita El servicio de atención al cliente de Jazztel es bastante patético, así de claro. Resulta que según he podido leer el "call center", es decir, el chiringuito de teleoperadores de Jazztel que estaba en España cerró dejando en la calle, parece ser, a unas cuatrocientas personas. Y el servicio fue contratado en Argentina. Sí, resulta que cuando llamas al 1565 o al 1567 para contratar el Adsl con Jazztel estás llamando, gratis, eso sí, a Argentina. Y desde allí pretendo que me resuelvan el fallo que da la línea en mi casa, vamos, que con el rollo de la portabilidad me han dejado desde el lunes sin teléfono en casa. Y no consigo que me resuelvan el problema. Es curioso, hoy desde el trabajo he llamado y le he pedido al chico argentino que me diera algún número directo del departamento técnico y me ha dicho que no se podía. Es lo que tiene la globalización, desde Argentina te dicen que no te pueden dar un número de teléfono para que hables con alguien que estará trabajando a poco más de un kilómetro de tu trabajo. He mandado correos, he mandado un fax, se supone que han abierto una incidencia con mi caso, pero nada, ni caso, valga la redundancia. Sigue sin solucionarse. Y estoy seguro de que me habrán empezado a cobrar ya por el servicio. Lo que dice ace, los primeros meses cobrarán menos en plan oferta porque como son conscientes de que el servicio técnico y de atención es una basura optarán por cobrar menos para frenar las quejas de la gente. Qué cabreo, coño, a ver si me relajo un poco. Besotes mil "...el osito manco seguía su camino. De los árboles del bosque pendían por aquella época frutos luminosos de variados colores, pero a él no le hacían ilusión. Durante ese año varias cosas habían cambiado en él y en su entorno. Alguno de los cambios era positivo pero había uno que superaba a todos. No tenía brazo y se sentía mal, no podía olvidarse de ello. En algunos momentos era más consciente y en otros menos, poco a poco, según la época del año en su bosque. Los otros habitantes del bosque también habían tenido sus cambios, sus quiebros, sus giros... y quizá el osito manco no supiera responder en algunos momentos a tanto cambio, quizá deseara un mapa del bosque pero sabía que eso era tan imposible como contar todas las piedrecitas del camino. El osito manco tenía tanto amor dentro, dado y para dar... y deseaba que el bosque cambiara ya de año... y no deseaba nada... no sabía con lo que se podría encontrar...". Acaba 2006, el año que cambió mi vida para siempre. ¿La cambió para peor? sí, siempre para peor, una ausencia para siempre es, si no la peor, de las peores cosas que hay en la vida. Por un lado deseo que el reloj termine ya con este año, por otro, da miedo entrar en un año en el que Ella no haya estado ni un solo día. ¿Y qué deseo para 2007? pues sinceramente, este año no hay diálogos de besugo conmigo mismo ni deseos absurdos. Supongo que la vida es eso, caminar con el temor a descubrir las bromas macabras que el destino tiene preparado para cada uno. Algunos pasos se disfrutan y otros no, imagino que lo importante es darlos. Besotes mil |
![]() |