Basura al cubo
Sí, un cubo de basura, me he comprado un cubo de basura para, evidentemente, meter la basura, porque como he dicho ya más de una vez, en mi casa nueva no había nada de nada y yo, como caprichoso que soy, tengo que tener todo de todo.
Y precisamente una de las compras más baratas que he hecho ha sido una de las que me ha dejado más contento: el cubo de la basura. Un cubo muy cuquín que parece de tebeo, de color rojo rojo, pero rojo pasión, pero rojo bermellón, pero rojo de los buenos.
Y ¿dónde lo compré? Pues en un todo a cien, incumpliendo un poco mis principios porque no me suele gustar entrar en este tipo de negocios, no sé muy bien porqué pero no me gusta. Pero a 4,50 euros cualquiera se resiste, un cubo con su tapa y todo.
Había mirado en ese sitio del triángulo verde llamado El corte inglés pero claro, cubos de basura que superan los 100 euros de precio pues como que no, como que da la sensación de que nunca lo que deposites en el cubo va a valer más que el propio cubo. No sé si esta reflexión económica tiene mucho sentido pero se resume en: siervos de Isidoro, no me intenten timar porque no.
Así ya tengo cubo para depositar las basuras en esos absurdos y pequeños contenedores madrileños que sólo admiten tres o cuatro bolsas, vamos, que en cuanto dos o tres vecinos renuncian a ser siervos de Diógenes el cubo se llena y las bolsas se desparraman alrededor, en plan cocina moderna: contenedor de basura sobre lecho de bolsas gratinadas. No es por comparar, pero en Logroño hay contenedores gigantes que no se llenan ni a tiros por eso mismo, porque son gigantes como ellos solos.
Ah, y también me hice con una tabla de planchar que destiñe a medida que planchas sobre ella. Ésta me la compré en una ferretería profesional, de las de hombre con mono azul y gafas de pasta. ¿Metro en la oreja?, no me fijé.
Besotes mil
P.D. Prometo algún día hablar de algo interesante