La bicicleta le recuerda que...
Esta mañana he retornado al gimnasio. Sí, el verbo retornar suena demasiado trascendente, lo sé, pero tras semana y media fuera de mi tónica gimnástica pues volver se transforma en un auténtico y épico retorno.Eso sí, poco a poco que si no el cuerpo se resiente, es más, una rodilla me ha dolido un poquito pero sólo ha sido momentaneo y ya está como si nada. Y he empezado con suavidad haciendo sólo ejercicios de máquina, un poco de elípticas, un poco de step y un poco de bicicleta.
Y estos nuevos aparatos te hacen preguntitas antes de empezar con el trabajo en cuestión. Te preguntan el peso, el tiempo y... ¡la edad!, y es entonces cuando el dedo se me iba inconscientemente al 2 y al 8 pero nooooo, tenía que pulsar ya el nueve y así lo he hecho. Y la verdad, no he notado nada.
No sé yo si estas máquinas adaptarán el ritmo y dureza de sus mecanismos a las variables que se introduzcan o lo hacen por joder un poco, o por quedar como más profesionales, como: ¡ qué guay somos, tenemos lucecitas y hacemos muchas e interesantes preguntas!
Algún día me transformaré, mentiré y me convertiré en la máquina en un ancianito de 90 años con 120 kilos de peso, a ver qué sucede, la máquina irá más blandita por la edad? o se guiará por el peso y pondrá su dureza a tope?, quien sabe, la cosa es que ha tenido que venir la bicicleta a joderme el día y a recordarme el año más que se suma a mi cuenta vital.
Pero no, no me lo ha jodido, no sé que me pasa pero hoy me noto cargadito de serotonina, esperemos que no venga nadie y lo joda.
Besotes mil (voy a millllll, y no puedo pararrrrrrrr, dificil controlaaaarrrrrr...)
Esta tarde, cuando me he incorporado al trabajo tras mis vacaciones de Semana Santa, me he enterado del fallecimiento de Joaquín Luqui, el mítico Joaquín Luqui, y me ha dado bastante pena, la verdad. A medida que vas creciendo van desapareciendo (unos antes que otros) los mitos e iconos que, cada uno a su medida, han marcado distintos aspectos de tu vida. Este fin de semana, sin ir más lejos, también se ha muerto el profesor, doctor ( o cómo fuese) Jiménez del Oso.
Estos días mi vida camina sobre un suelo gris, mis pasos transcurren con un sinsabor bajo mis pies que no me deja ver la vida del añorado color de rosa con el que todos soñamos. De vez en cuando me cruzo con flores, hablo con pinceladas del color de la pantera que me hacen olvidar, como ligeras anestesias, el color gris que está bajo mis pies.
Aquí estoy, en los logroños pasando mis vacaciones de Semana Santa. En estos años que llevo fuera de casa una cosa que he experimentando y en la que pienso frecuentemente es que sólo sueño cuando estoy aquí. Sí, puede parecer una tontería pero de los sueños que suelo tener (y sueños de los de estar dormido. Soñar despierto es un vicio que no dejo nunca) un 90 por ciento se producen cuando estoy en Logroño o en las maravillosas tierras sorianas.
Hace hoy 29 años nació esa pocholada de niño que podéis ver en la fotografía. Ahora ya no es tan pequeño, sigue siendo niño y sigue siendo una pocholada. El 19 de marzo le parece una de las fechas más mágicas del calendario y de cara a sus 29 pide, por favor, sólo cosas maravillosas, o personas maravillosas que sigan aumentando el racimo de personas maravillosas que le acompañan en esta vida.
Esta mañana aprovechando un hueco libre que me ha quedado después de acompañar a mi amiga Sonia a la ceremoniosa firma de su nuevo piso me he paseado entre las ropas de H&M de Gran Vía. Ya se sabe que este negocio es, junto a Chueca e Ikea, uno de los núcleos de la capital donde se concentra la población gay desarmarizada (no es un tópico, es una realidad). Y ahí estaba yo, viendo camisetas, pantalones y demás familia.
El típico debate ¿os gustan los toros? A mi no, y la verdad, cumpliendo con el dicho, lo que me suele gustar más son los toreros que los toros, o por ser más exacto, algunos toreros. Y todo esto viene a cuenta de que en el pasillo me he cruzado con uno de mis favoritos, con Miguel Abellán. El chico está de toma pan y moja, ciertamente. En la plaza no sé como será pero físicamente está de vuelta al ruedo, oreja y palmas.
Ya me he comprado, como dije ayer, el nuevo disco de Amaral, del que he escuchado ya tres canciones. Y ¿qué queréis que os diga? Me parece más de lo mismo, pero esta es de esas veces en las que no importa que sea más de lo mismo, vamos, que se agradece porque a mi la música de Amaral me gusta mucho, me parecen canciones muy agradables con una voz, la de Eva que está, creo que esto lo he dicho ya, a medio camino entre popera y jotera.
Hace años, en el programa el precio justo, presentado por el añorado Joaquín Prat, cuando los cuatro concursantes de la primera fase daban sus precios al producto señalado, el simpar presentador decía: "la suerte está echada" una expresión que yo hasta entonces no conocía y que pronto adopté.
Aquí estoy, ya he acabado de recoger el salón y ahora me dispongo a fregar la cocina para que todo quede en su estado "normal" (dentro de lo normal en cuanto a limpieza que puede estar esta casa). Y quería daros las gracias a todos (todos en plan genérico sexualmente hablando) por haber hecho de mi noche del sábado una noche muy especial para celebrar mis 29. Lástima que las puñeteras gripes provocaron algunas ausencias destacadas pero habrá muchos más años para celebrar, os lo prometo.
Y pasamos página porque, sinceramente, me apetece hablar de otras cosas iba a decir más alegres, pero no, de cosas alegres porque la fecha de hoy no tiene nada de alegre. Pero no estoy yo hoy con el ánimo como para escribir de cosas dramáticas, horribles y representativas del paletismo extremista aún existente en pleno siglo XXI.
...
Antes la verdad es que no les prestaba ni atención, pasaban muy desapercibidos en mi atuendo y no constituían un elemento más de mi particular consumismo vital. Pero no sé, será que los diseños se han revolucionado o que ahora me fijo más pero me estoy volviendo un fetichista-caprichoso de los zapatos, aunque mejor dicho, de las zapatillas. Pero, tranquilos, de comprarmelas, eh, de comprarmelas y luego usarlas para lo que son, para los pieses.
A lo tonto, a lo tonto, oye... como que llego al trabajo con la idea de escribir un nuevo artículo para mi súper blog y que no se me ocurre nada. Es horrible esa sensación de quedarse en blanco, de no tener nada de lo que escribir pero desear hacerlo. Sí, hoy me falta esa anécdota especial, ese detalle curioso sobre el que escribir y al que sacarle punta, pero nada, chico, que no me sale.
Este fin de semana ha sido, la verdad, muy cuquín, me lo he pasado muy bien sin hacer grandes cosas. Me he dedicado a regar las flores de mi particular jardín vital para que sigan creciendo bonitas y llenas de color. Y es que tengo mucha suerte porque en mi vida hay flores maravillosas que hacen que todo tenga un mejor color y que el aroma de la vida sea bueno.
Os dejo para el fin de semana una curiosa reflexión: ¿Los árboles tienen sexo? Y no, no es que me haya vuelto un filósofo de estos que tanto abundan por la vida. Es que esta mañana iba yo en el autobús 156, ese gran supositorio de acero que penetra directa y placenteramente en el centro comercial Plaza Norte 2 (qué leches, me parece que no es del todo hortera).
En mi línea habitual de escribir chorradas que me pasan en mi vida (bastante chorra ya de por sí) hoy voy a hablar de una tontería que me ha pasado hoy en el hipermercado.
Esto de los propósitos es como las flores en primavera (ay, primavera, cómo te esperooo), que van saliendo como florecillas en el campo a lo largo de todo el año. Y uno de los propósitos nuevos que me acabo de sacar de la manga en este 2005 es acabar con las mentiras. Y no me refiero a los embustes, no, que yo de eso no suelo usar y si alguna vez lo he intentado se me nota bastante.
Aquí estoy, hecho una puñetera braga. Vamos, que me acabo de levantar, me fui a la cama a las doce y media, he dormido bastante más de lo habitual en mí pero da igual, estoy como si me hubieran pegado una paliza unos hombres misteriosos durante la noche, hubiera saltado sobre el colchón hasta pegar con la cabeza en el techo y hubiera caído de bruces contra el suelo.