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Girando

La vida cotidiana

Presunciones vitales

Presunciones vitales El otro día me encontraba con mi amigo Pablo en el aeropuerto de Barajas, en una de esas tiendas Duty Free (¿se escribe así? espero que sí). Una simpática chica se nos acercó para promocionarnos la nueva fragancia de una conocida marca de perfumes. Insistente, nos hizo comparar la anterior fragancia con la nueva insistiendo en las bondades de la nueva edición y en una de sus marketinianas frases aseguró mirandome con una perenne sonrisa: "Con esta colonia se te acercarán todas las mujeres". Ciertamente la presunción de la chica me sorprendió y mi respuesta fue: "la verdad, prefiero que se me acerquen los hombres". Evidentemente, yo no soy nadie para dar lecciones al mundo pero me sentiría satisfecho si a partir de ese día esa chica dejara de presuponer la orientación sexual de sus potenciales clientes sin conocerles en absoluto. Uno de los elementos que, en mi opinión, causan más daño a los/as jóvenes que en su adolescencia descubren su homosexualidad es la presunción social de la heterosexualidad, vamos, todo el mundo es heterosexual hasta que no se demuestre lo contrario. Por cierto, finalmente elegí otra fragancia y no la promocionada, no sé, cuestión de gustos.

Soy asocial?

Esta mañana venía en el autobús al trabajo. Llevaba mi discman para escuchar el nuevo disco de Aleks Syntek, un artista al que he descubierto gracias a su primer single, que canta a dúo con Ana Torroja. Me ha pasado lo de siempre, se ha subido detrás de mí uno de esos compañeros de trabajo que no son ni siquiera medio conocidos, sólo algo conocidos y con los que te ves obligado a mantener conversación cuando, sinceramente, no te apetece demasiado. Él, ni corto ni perezoso, tras una leve conversación, ha sacado su libro y su diccionario de alemán y se ha puesto a estudiar (para facilitar la relación con la familia de su novia alemana, según me ha contado), yo por mi parte me he visto incapaz de sacar mi discman y empotrarme los auriculares, no sé, me ha dado la sensación de que anular uno de mis sentidos en la cutre relación con el compañero de curro hubiera quedado bastante mal. Qué tontería.
Besotes para el universo

El perdido matrimonio

El perdido matrimonio MI hermano está disgustado. Resulta que ha estado de viaje en Londres donde visitó la National Gallery, el conocido museo de la capital inglesa. En dicha pinacoteca se encuentra expuesta la obra El matrimonio Arnolfini, una deliciosa y enigmática pintura que desde siempre me ha gustado. Ante mi petición mi hermano decidió comprarme una lámina de dicha obra antes de dirigirse en metro al aeropuerto. Al llegar al avión, de repente se dio cuenta. El matrimonio Arnolfini había quedado allí, abandonado, en un banco perdido en una perdida estación del metro londinense.
En los tiempos que corren una bolsa abandonada en un metro de Londres puede convertirse en un elemento peligroso aunque en esta ocasión sólo se trata de un inofensivo matrimonio bidimensional, una preciosa lámina del matrimonio Arnolfini que nunca llegará a mis manos. En este tipo de pérdidas siempre me pregunto lo mismo, ¿dónde estará ahora? ¿que habrá sido de mi matrimonio Arnolfini? quizá decorará algún despacho del metropolitano o simplemente absorberá la grasa del fondo de una mugrienta papelera, no lo sé, una anécdota más que añadir a mi vida.
Besotes para el universo

El Impaciente

Se nota, estoy en el primer día de la vida de mi blog y me siento como un padre primerizo, preocupándome por cada uno de los aspectos de mi blog y por supuesto, por comprobar si la gente entra, si aporta comentarios o no a esta especie de diario loco, inconexo y supongo que disperso. Y la paciencia es la madre de la ciencia yo soy el padre de la impaciencia, aquí, entrando cada dos minutos esperando a ver si alguien ha metido algún tipo de comentario. Ay, qué vida esta.
Besotes para el mundo