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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2008.
Estos días, preparando mi viaje a Nueva York y repasando las guías turísticas de las que dispongo he vuelto a sentir una sensación que no tenía desde hace mucho tiempo, la de los exámenes. A ver, el viaje son seis días pero si quitamos la ida y la vuelta en el fondo nos quedan cuatro días netos de estancia en la Gran Manzana, y claro, me cago y me entra el agobio pensando que no me va a dar tiempo a ver todo lo que quiero ver. Y me imagino regresando de Nueva York como saliendo de un examen, en plan, jo, al final no he visto la zona cero o no he visitado el Puck Building (el que podéis ver en la fotografía. Sí, el de Will & Grace). Tengo tantos puntos pendientes de ver en NY que me inquieta dejarme alguno porque no sé cuando tendré de nuevo oportunidad de volver. Lo bueno es que yo con ver los edificios y sitios emblemáticos, aunque sea por fuera, me conformo. Por ejemplo, la estatua de la Libertad es algo tan manido que no me llama especialmente, aunque, eso sí, habrá que verla. Ay, qué nervios. Besotes mil No se qué me ha sorprendido más de esta fotografía. Quizá sea que me sorprende los huevos que tiene el chaval para ir como le dé la gana. Sólo quizá. Besotes mil P.D.: Sí, es Fidel, de Aída. Estos días no me busquéis por aquí, estaré en Nueva York, descubriendo la que es mi ciudad número uno en mi ránking de ciudades a visitar. Espero que, por lo menos, no me llueva demasiado. Disfrutaré. Besotes mil Estoy en el Apple Store de el Soho!!!!. Nueva York es una pasadaaaaaaaa!!!! Aquí os dejo otra foto, oscurilla, mientras redacto mi primer artículo sobre Nueva York. Tengo una semana de estrés, jajaja... Besotes mil Por donde empezar... ¿por el viaje de ida? Sería un buen comienzo. Volamos a Nueva York con KLM, pero en plan pobres, vamos, con escalas, esto es, viajar hasta otro sitio desde donde sí sale un avión directo al destino final. En nuestro caso la escala era Ámsterdam, así que el martes 8 de enero salimos a las 8 y 20 de la mañana rumbo a la capital holandesa. El avión era normalito, sencillo, de un solo pasillo central. Llegamos a Ámsterdam sin problemas y tras una breve escala de dos horas y media aproximadas en el aeropuerto de Schipol nos dirigimos a nuestro avión de viaje largo, a Nueva York. Este avión ya era otro cantar. Pese a lo que pudiera parecer más lógico, los asientos en el avión de vuelo transoceánico eran más estrechos que en los del primer vuelo europeo. Vamos, que si el del asiento delanero echaba su respaldo hacia atrás te lo ponía a ti de ortodoncia. Y claro, en un vuelo de ocho horas pues la gente le daba mucho al recline. Las azafatas eran un encanto aunque, cómo decirlo finamente, no podrían protagonizar un calendario del estilo del de Ryanair... de otro estilo sí, pero no como el de Ryanair. Eran unas señoras simpatiquísimas y gigantes. ¿Y el vuelo de ocho horas? Bueno, estarse el tiempo equivalente a un turno de trabajo metido en un avión no es una experiencia demasiado satisfactoria. Las azafatas se recorren los pasillos unas tropecientas veces, eso no está mal. Reparten almendritas, refrescos y un menú que te permiten elegir entre pollo y pasta como ingredientes "principales". Lo peor del viaje llega cuando de repente a mitad de trayecto el piloto que indica la obligatoriedad de ponerse el cinturón se enciende, así, sin motivo aparente y a continuación el piloto (éste el humano, el que pilota) nos comunica que nos acercamos a una zona de turbulencias. No entiendo alemán (el idioma de la tripulación) pero turbulencias debe de ser una palabra de pronunciación universal. Qué miedaco, no encuentro otra forma de resumir mis sensaciones. El avión traqueteaba y daba la sensación de que el piloto estaba luchando contra una tormenta de meteoritos girando los mandos a diestro y siniestro. Pero nada, las azafatas seguían sonriendo mientras yo ya me veía cantando "Bajooouuu del mar". Lo cierto es que las ocho horas pasaron bastante deprisa, sobre todo gracias a los monitores en los que de vez en cuando, al más puro estilo Indiana Jones en pleno viaje, aparecía un mapa en el que una línea azul te indicaba donde te encuentras en cada momento, además de los kilómetros y minutos restantes de viaje. Y a las ocho horas, ale, el avión aterriza en el JFK, con esa ostia tan característica que se pegan las ruedas contra el asfalto, y es que mira que tienen mérito las ruedas de los aviones. ¿Y la aduana? Eso es una historia para un capítulo aparte. Besotes mil La aduana es un sitio en el que hay unos señores a los que otros señores les han dado el poder de decidir si puedes o no entrar en un país, porque se han puesto de acuerdo en ello y entonces es lo que se hace. Pero para entrar en EEUU la cosa empieza antes. Hay que rellenar un par de impresos, uno creo que azulado y el otro verde, aunque cambian según de donde vengas, yo creo que hay algunos países en los que directamente pone en el papel: "Usted no, usted no entra ni loco". No sé en qué momento de la historia se pondrían de acuerdo para que esos impresos, en vez de rellenarlos en el aeropuerto, se rellenaran en los aviones que van a esos países. Sí, en los aviones de KLM, además de coca colas y menús de chiken o pasta también hay impresos de la aduana norteamericana para entrar en ese país. ¿Y es cierto que te preguntan si quieres atentar contra el presidente de los EEUU? pues a mí, en mi impreso, no me lo preguntaron. Entre otras preguntas más o menos razonables como que si había estado en contacto con bacterias peligrosas o si transportaba alimentos en mi equipaje, hay diez preguntas del tipo: ¿Tiene usted alguna enfermedad mental? y la más alucinante. Una en la que te consultan si has tenido relación en tu vida con el movimiento nazi que en 1946 llevó a cabo el genocidio judío. En el fondo las diez preguntas malditas se contestan con un sí o un no, si contestas sí es que eres algo chungo o malote, y si no pues no pasa nada. Además, por si no hubiera quedado bastante claro, al final de las diez preguntas en cuestión una frase te indica que si has contestado "Sí" a alguna de ellas podrías tener problemas en la aduana o incluso te podría ser denegada la entrada. Vamos, que el impreso está chupao con un nivel mínimo de inglés. Cuando el avión aterriza y después de atravesar el finger de pollo, unos pasillos te conducen a una gran sala similar a la línea de cajas de un supermercado, pero en vez de cajas hay unas casetillas con algo parecido a policías de película. La parte derecha de las cabinas es para estadounidense y el resto para "visitors". Mi amiga y yo nos colocamos diligentemente en la cola de "visitors". Yo estaba deseando que me atendiera un hispano que divisé en una de las cabinas pero un bollicao bombón que había por allí nos colocó en la fila de un oriental. Me atendió un chino que, para que os hagáis una idea rápida de como era, era el hombrecillo que para el tiempo en "Heroes", que en sus ratos libres se saca unos dolars en la aduana. Las gestiones: tú llegas, le enseñas el pasaporte y le das los cartones. El agente me hizo quitarme las gafas para comprobar que era yo el que se escondía detrás de las lentes de DKNY (sí, mis gafas se sentían como en casa) y después me hizo poner por turnos los dedos índices de mis respectivas manos en un cristalito que deduje que leía las huellas. El tío me decía: "more, more, more", y yo apretando el cristalito como un cosaco con temor a convertirme en un fakir involuntario. Después te hace mirar a una cámara Logitech de las de toda la vida y te hacen un retrato. Me preguntó que cuántos días iba a estar ahí y que en qué trabajaba, a lo que yo le respondí: YOURNALIS, en perfecto inglés. Me preguntó si llevaba una cámara y yo le dije: yes... yes.... mmm..... ..m.... yes.... ¡domestic cámera, ¿eh?, domestic! Entonces fue cuando yo me quedé callado, el tío se quedó callado.... segundos como melones... y le digo: "¿Ya?" y me dice: ¡Yah! A continuación pude comprobar que el agente diligente había cortado el faldón del impreso verde y me lo había metido en el pasaporte con una firma, un sello y una fecha: 8 de abirl del presente. Es decir, que podría estar por EEUU hasta abril sin rendir cuentas a la justicia Bush. Después llegó el momento maletas. Las nuestras bajaron por una rampa, se ostiaron contra la cinta y fueron recogidas por nosotros. Las recogimos y pasamos al lado de unos agentes con perro. El can no levantaba un palmo del suelo, era pequeñito, e hizo un amago de levantarse al paso de mi maleta. No sé, yo creo que el desodorante que llevaba podría despitar a cualquier perro policía. El último paso fue otra cabina en la que simplemente te recogían uno de los impresos. Atravesamos un pasillo y ale, ya estábamos en el hall y empezamos a ver taxis amarillos en la puerta. Ni que decir tiene que mi emoción fue in crescendo. Ay, Nueva York. Besotes mil Parece mentira pero ya han pasado dos años. Dos años de esos días horribles, de esos días en los que mi vida cambió para siempre, en los que yo mismo cambié. Dos años en los que mi relajación nunca ha sido plena, en los que volver de un viaje o tener una alegría es menos alegría por no poder compartirla con Ella. Dos años raros, de una vida cubierta por una película gris que no termina de desaparecer. Dos años ya. Y la vida corre y corre. Qué duro es echar de menos, qué dura es la ausencia. La ausencia es HORRIBLE Pero sigo intentando reir para que Ella lo vea. Un conductor que atropelló y mató a un joven reclama a sus padres 20.000 euros por daños Os pongo aquí el enlace, que el enlace de blogia funciona mal. Hoy me apetecía poner ositos. Besotes mil Zapatero con su ofrecimiento de 400 euros si gana: patético. Esperanza Aguirre prometiendo que el solar de la cárcel de Carabanchel será un hospital si gana Rajoy: patética Patéticos. |
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