Girando |
![]() |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.
Este fin de semana he celebrado, por fin, mi cumpleaños con mis amigos, y digo por fin porque llevaba ya dos semanas esperando la oportunidad. Lo había celebrado con mis compañeros de trabajo y ahora ya con mis amigos. Tras una visita a la fiesta de cumpleñaos de Manué, fuimos al Vegaviana, un restaurante vegetariano que me descubrío ace en la celebración de su cumpleaños. Lo sé, soy un copiota pero el restaurante estaba bien y la comida, a pesar de no ser carne, no estaba mal del todo, la verdad. Volví a compartir con Sonia el menú degustación en el que, por el doble, puedes probar la mitad, jejeje... pero eso sí, de varias cosas, y lo que me sigue gustando más son las hamburguesas de avena y verdura, muy ricas, y, supongo, muy sanotas. Y ¿qué me regalaron? pues un elemento muy añorado que ya forma parte de mi ajuar. Un palomitero, sí señores, un aparato muy curioso con una cazueleta con branquias, como un pez, en la que metes los maices. Enciendes el aparato y empieza a sonar un ruido en plan calefactor Braun. Un, deduzco, torrente de aire caliente consigue calentar el maiz de tal forma que a los pocos minutos los recios, amarillos y apretados productos se travisten en bellas damiselas blancas con grandes volantes. Sí, en serio, salen palomitas super grandotas, y claro, como enseguida salen escupidas de la máquina al bol pues no se quema ni una. Y después de la cena estuvimos de marcheta por ahí, por Chueca, concretamente, fuimos al Queens donde un niño trabajador nos timó vendiéndonos las entradas con el habitual machismo de las chicas gratis. Digo que nos timó porque a los veinte minutos de entrar, el local cerró sus puertas, así, ala, nada mas entrar y pagar. Un bar que cierre sus puertas a las tres y media de la madrugada no sé yo si tiene mucho derecho a cobrar entrada. Claro, que cualquiera le dice nada a los porteros-mafia que tienen una pinta de matones que no pueden con ella, sinceramente. Tras unas vueltas por la calle, un infrutuoso intento de ir a la Sala Sol y unas impúdicas fotos decidimos levantar la fiesta e irnos a mimir. Pero lo dicho, fue una noche estupenda en la que me lo pasé como un enano. Muchas Gracias. Besotes mil Hay anuncios y anuncios, hay unos que gustan, otros que no y otros que dejan absolutamente indiferente. ¿Habéis visto el de la cerveza esa Doble Malta? Dios mío, eso si que es miedaco del bueno, miedaco etiqueta negra. Me refiero a ese en el que sale un bar repleto de gente sin cara, bueno, gente a la que se le ha borrado la cara a golpe de ratón. Joder, qué miedaco, los tíos y las tías sin cara, con ojillos pequeñitos que a medida que los fuerzan parece que consiguen abrirlos. Todos con caras de absoluto terror e impotencia ante la ausencia de cara, con una cara de miedaco, jejeje... ¿Y así pretenden vender algo?¿Con una idea mística de recién licenciado? no sé, me parece un tanto cutre y nada relacionado con el tema de una cerveza por mucho que digan que la cervecita tiene mucho cuerpo y que te despierta los cinco sentidos. Pero vamos a ver ¿nadie visiona el anuncio antes de su emisión?¿nadie lo valora?¿no juzgan que el anuncio da miedaco y puede provocar pesadillas? ¿Y qué me decís del plano en el que se ve una televisión en la que una mujer en blanco y negro baila sin cara un baile como de posesión diabólica cubana?, no sé, lo que digo, que me causa terror. Y claro, ¿que no tienes cara? pues te tomas una doble malta de esas y te salen los ojos, la nariz, la boca,... todo lo que te faltaba, en un momento, ale, con cara completa tras haber llegado como cara plana al bar. Miedaco, pero hacedme caso, miedaco del buenísimo. Besotes mil Pues si el mencionado anuncio de la cerveza me provocaba miedaco del bueno, del genuíno, del de etiqueta negra, después de ver las imágenes de la vivienda del asesor urbanístico de Marbella, el señor Juan Antonio Roca, pues no sé si replantearme el concepto de miedaco. Porque, vamos a ver, ¿quién puede vivir tranquilamente en una casa con jirafas, elefantes, hienas y demás fauna disecada. A mí si una cosa en la vida, además de miedaco, me da también ascaco es los animales disecados, a pesar de que los que se encargan de ello tienen uno de los nombres de profesión más glamourosos del mundo: taxidermista. Hombre, mi jefe me plantea que los animalitos estaban en el llamado pabellón de caza, no en la vivienda en sí, pero no sé, peor me lo pone porque tu entras por la noche en el pabellón de caza y te encuentras ese panorama en plan peli Disney pero de terror, con la sombra de la jirafa, o las cebras disecadas con esos ojos de cristal que en cuanto te descuidas te lo cucan. Y una cosa que me ha dado especial tirria ha sido la pata de elefante convertida en una especie de paragüero cenicero papelera. Qué hijo de puta hay que ser para matar a un elefante, coger una de sus patas y ala, convertirla en paragüero. Mama elefante le diría al hijo: cuídate las patas que son para toda la vida. Y el elefantito diría: tranquila mamá, si al final serán paragüeros para el señor Roca. Ya termino. Lo más de lo más es lo del Miró en el cuarto de baño. Sí, yo pondría muchos cuadros de arte contemporáneo en el baño pero vamos, yo, si tengo un Miró, lo primero que haría es venderlo pero si no, por lo menos lo pongo en el salón, pa que luzca, no en el retrete, como diría mi abuela. Señor Roca: ¿de qué periodo es este Miró? no lo reconozco.... No, no, son salpicaduras. Besotes mil Estos aburridos días de Semana Santa me quedo con una historia que me ha llegado. La de esa pequeña niña británica que ha vivido diez años de su corta vida con un corazón trasplantado mientras el suyo, el de verdad, el que venía de serie estaba dormido en su interior (en el interior de la niña, no en el interior del corazón falso, se entiende). Y el corazón artificial, a los diez años, por razones que seguramente los médicos no son capaces de explicar, va y deja de funcionar, vamos, que le causa rechazo a la pequeña. Y tras someterla a una operación, han logrado (no sé si los médicos o la naturaleza) que el corazón original, el que venía con el lote de niña completa vuelva a funcionar. Me ha parecido una historia preciosa. La niña se habrá sentido como una pequeña gatita, con dos vidas en vez de siete, con dos oportunidades de corazón para seguir viviendo. Qué envidia, yo quiero que todo el mundo sea así o pueda ser así, que cuando un corazón nos deje de latir tengamos otro esperando para seguir con el trabajo del día a día. Que nuestra vida fuese como un dispensador de caramelos Pez en el que tras un caramelo sube otro, y otro y otro... y siempre tuvieramos una nueva oportunidad, o por lo menos, si no tuvieramos infinitas, sí alguna de seguir un poquito más por aquí cuando ya pensamos que nos toca marcharnos. Me alegro por la niña, parece super mona. Por cierto, su cantante favorito es Darius, jijiji... Besotes mil Este fin de semana han terminado mis vacaciones de verano pero he de decir que lo hicieron con una sorpresa que no me esperaba y que me llenó de ilusión, sí, no sé, de ilusión por sentirme querido por mis amigos-familia. Me refiero a mis primos lejanos del pueblo, lejanos en lo legal pero cercanos en lo afectuoso. Este año no habíamos acudido, mi familia, me refiero, a nuestro particular y pequeño reino soriano. Los sábados de Semana Santa tenemos una pequeña pero entrañable tradición que consiste, simplemente, en ir a cenar a un restaurante chino de la capital soriana (preciosa, por cierto, aunque seguro que algún comentario malicioso la critica, ;) ). Pero este año nosotros no estábamos presentes. Ni cortos ni perezosos, mis primos amigos se zamparon más de cien kilómetros y se presentaron en Logroño para poder cenar todos juntos. Y así lo hicimos, nos fuimos a un italiano y después salimos un poco por Logroño, cosa que no hacía desde hace varios años, lo que me permitió descubrir algún localillo majo de mi querida capital "de provincias". Y después, a eso de las dos y media de la mañana cogieron sus coches y se volvieron a tragar los más de cien kilómetros de carreteras-serpentina para volver a dormir a nuestro querido pueblo. Estas cosas te reconcilian con el mundo, la verdad. Muchas gracias. Besotes mil El pasado viernes fui al cine dos veces. Sí, invertí más de diez euros en el séptimo arte. La película de la tarde, V de Vendetta sí que me pareció séptimo arte mientras que la que ví por la noche, El caso Slevin, me pareció cag-arte, una cacota vamos. V de Vendetta es la típica película basada en un comic en la que no sabes cuánto cacho de comic te han metido o en cuantos números del comic en papel se cuenta lo que te han endosado en poco más de dos horas de película. Natalie Portman está fabulosa y el misterioso V está bien, bueno, que yo la ví doblada y, claro, cualquiera dobla a un tío que se pasa toda la película con una máscara en la jeta, como yo cuando en la EGB hice de dragón en una obra de teatro en playback. Tenía una cuerdecita atada a la mano para mover la boca de la gran máscara de dragón que llevaba encima, y cuando oía mí voz en los altavoces tiraba del cordel y ala, efecto al canto. Bueno, a lo que iba, que la película me gustó, acción algo irregularmente repartida, ostias al poder gubernamental y alabanzas al pueblo anárquico que se rebela contra el poder rebañizador de un gobierno tiránico parecido a los nazis en estética e ideologías. Ante esto surge un héroe llamado V de Vendetta que anima al resto del pueblo a mimetizarse en él y vengarse cada uno a su manera. La Natalie Portman es una chica normalita que sin comerlo ni beberlo se ve envuelta en este embrollo junto a extraños presentadores de televisión rozantes con el telepredicadeo. El vengador es por supuesto un ser reñido con el poder y resentido por el daño enorme que éstos le hicieron en el pasado, poder representado, como digo, en todos los tradicionales estamentos: estado, iglesia y los medios de comunicación. En resumen, una película recomendable para pasar la tarde con palomitas y un poco de pensar, lo justo: ocho, ocho, ocho...( esto es como las críticas de cine de Lo que yo te diga, de la Cadena Ser, que ponen notas a las pelis y es muy divertido). Y por la noche ví El caso Slevin. Con Josh Harnett feo. Sí, mira que es difícil que el muchachote salga feo pero en esta película yo no sé si es el pelo o que le veo la cara como más gorda pero el chico en cuestión ya no está tan guapete como antes. Y es una pena porque mira que en 40 días y 40 noches, una comedieta facilona de autobús, sale bien buenorro. Pero ahora, nada de nada, chico, que sale feo y encima en una película mala. Porque sí, parece mentira como Morgan Freeman y Ben Kingsley se pueden meter en cosas como estas. Sí, hay que comer pero pensaba que había algunos actores que lo de comer lo tenían más facil y no tenían porque hacer determinadas cosas. La película es una peli de esas en las que construyen una trama medida, que no pensada, al milímetro, y confiando en que el espectador no se haga ni una pregunta más de las necesarias y de las que perfectamente quedan contestadas en todo el guión. Es de esas en las que al final una voz, en este caso telefónica, te lo explica todo mientras vas viendo en flashbacks lo que ha pasado para que digas: ahhhh, es ciertooooo, ahhhh, es verdad... Pero lo que más me jode de esta película es que pretende imitar el tono de las pelis de Tarantino, con sus típicos personajes carismáticos para luego recordarlos en charlas de amiguetes: a mi me gustaba el rabino, jooo, y qué bueno cuando la reinona dice.... y qué burro, como mata a no se quien con no se qué.... Lo dicho, cosas carismáticas o diálogos super rebuscados de esos con palabras que nadie usa en su vida cotidiana. Y la pregunta mayor de toda la trama: ¿Por qué no hace el prota lo que quiere hacer desde el principio y se deja de zarandajas y de complicarse la vida con cosas super superfluas?, pues eso, que menuda mierda de película. Y de carismática nada, Así que El caso Slevin: dos, dos, dos.... Besotes mil y feliz regreso a la rutina Pues sí, parece que el número de fallecidos en carretera se repite en Semana Santa respecto a la Semana Santa del año pasado. Lo primero de todo, hombre, hay que asumir que para empezar supone un riesgo en sí mismo el hecho de aceptar meterse en una máquina de hierro con ruedas que corre por vías de asfalto. Eso es lo primero. Pero luego, claro, hay un gran número de accidentes, y yo no digo que todos pero sí que muchos de ellos seguro que se producen porque al volante están manolazos que digo yo de esos que creen controlar y corren a velocidades muy superiores a las permitidas en cada tramo de carretera. Luego están las pobres víctimas que se cruzan en la carretera con estos gilipollas y pasa lo que pasa. Ah, y sí, también hay carreteras chungas no arregladas o señalizaciones confusas, no lo niego. Eso sí, las velocidades impuestas y la recomendación-obligación de llevar puesto el cinturón de seguridad (más de la mitad de los fallecidos esta Semana Santa no lo llevaban puesto) es por nuestra propia seguridad, vamos, que no creo que se puedan buscar detrás intereses económicos-empresariales como hace mucha gente ante cosas que son por nuestra propia seguridad, en plan, "no, no me pongo el cinturón porque lo que quieren es que los fabricantes de correas de cinturón se enriquezcan a nuestra costa y no paso por ahí". Estoy exagerando pero es pa explicarme. A riesgo de parecer un tanto opusino he de decir que a día de hoy el ir a nuestra bola redunda a veces en renunciar a cosas que, como el cinturón de seguridad, sólo sirven, y no es poco, para agarrarnos literalmente al coche y que no salgamos volando cuando nos chocamos. Y hay gente que pasa olímpicamente del tema, que si es incómodo que si no se qué que si no se cuantos... joder, es como la gente que se repantinga en los autobuses sin tener en cuenta a los demás. Coño, que estamos en un vehículo de transporte, que sirve para que nos lleve de un lado a otro, que si podemos estar cómodos vale, pero coño, que no es un hotel!!!!. Así que todos a ponerse el cinturón de seguridad, yo me lo pongo siempre, no sé, vaya delante o vaya detrás. Y ahora ya si algún día me despisto y tardo en ponérmelo me doy cuenta porque no sé, me siento suelto, como de comando, jeje. Besotes mil. P.D.: ¿Y los que se quejan de las campañas? ¿Qué queremos?¿qué nos traten como a subnormales? "Bobitos, poneros el cinturón porque si no la ostia puede ser impresionante". Ayer acudí, sin demasiada previsión, la verdad, a hacerme el pasaporte ante el temor de que, vaya usted a saber, a las autoridades aeroportuarias de Holanda les diera por pedirme el pasaporte el próximo lunes en Ámsterdam. Sí, me voy a dicho país para un único fin (aunque veré todo lo que pueda de la ciudad): visitar la casa donde la pequeña Ana Frank pasó, junto a otras siete personas, dos años escondida de aquellos seres que surgieron el siglo pasado llamados nazis. A lo que iba, fui a la oficina del DNI de la calle Santa Engracia, y parece que no estaba engracia, jijiji, porque me tocó en la mesa de la funcionaria con la cara más seca y desagradable. Pero, ¿qué hice? ¿me mostré yo igual de desagradable? Pues no, competí con la más feroz de las armas, la más absoluta amabilidad, sonrisas en su justa medida y en su justo momento, palabras correctas, ni una sola mueca de sorpresa cuando te piden 16,50 euros por un documento oficial.... E incluso tuve que superar cosas como que me dijera que en mi foto de carné parecía que me había pintado los ojos o que me habían pegado dos puñetazos, diciendo: "no sé, no sé, te van a llamar y te van a decir que esta foto no vale", mientras yo le señalaba que la fotografía era exactamente la misma que la que tengo en el D.N.I., hecho por sus mismos compañeros. Volvió a poner cara desagradable cuando me dijo que estaría para el lunes y yo le respondí que me habían dicho para el sábado: ¿Quién te lo ha dicho?. Su compañero de la puerta, respondí yo. Ella puso cara de asco-desaprobación, chasqueo de lengua mientras miraba a su susodicho compañero y me dijo: "bueno, pásate el sábado". Y lo mejor, conseguí sacarle una sonrisa de despedida con mi absoluto y manifiesto encanto, que se joda, cabrona. Seguro que le dolió sonreir. Besotes mil En Navidades, yo y alguien más, nos leímos el diario de Ana Frank. Os lo resumo un poco. La historia de Ana Frank es la suya y la de su familia, cuando, debido a la persecución nazi y como ellos eran judíos, tuvieron que huir de Alemania a Holanda. Se escondieron en Ámsterdam en la parte trasera de las oficinas de Opekta, la fábrica en la que trabajaba el padre. Unas pequeñas habitaciones fueron su hogar durante más de dos años. Allí, Ana, su hermana Margot y sus padres convivieron con otro matrimonio y su hijo y un dentista algo cascarrabias. A los dos años, y debido a una delación todavía no aclarada, fueron detenidos por los nazis y enviados a varios campos de concentración. De los ocho escondidos de la "casa de atrás" sólo sobrevivió uno. El libro en sí habla de la persecución nazi pero no es el grueso del texto. En sí los relatos de Ana, en forma de diario, describen su vida clandestina y su relación con sus compañeros de escondite. Se ve que Ana fue una niña inteligente, despierta muy viva, que sabía reflejar bien sus pensamientos, sentimientos y también los demás, siempre, claro, desde su punto de vista. La lectura me llegó, la historia me cautivó y deseé viajar a Ámsterdam. Allí, la casa de atrás ha sido convertida en museo, las estancias permanecen tal y como las dejaron los escondidos tras su detención, sin muebles porque los nazis los requisaron pero sí con algunos elementos sobrecogedores como las fotografías de estrellas de cine que Ana pegó en sus paredes o la estantería-puerta que cerraba el escondite. Pues bien, el lunes mi reciente sueño se hará realidad. Sí, dicho y hecho, hablé con una compañera de trabajo del tema y decidimos viajar allí. Iré a la casa de atrás, entraré en sus estancias y respiraré, quizá algo del aire que sirvió a Ana para seguir adelante hasta su detención. Podré mirar por la ventana, su ventana desde la que veía un árbol, un castaño que sobrevivió a todos los escondidos y que ahí sigue, en el patio trasero. Un árbol que podré ver. Lo dicho, que la semana que viene os cuento, a partir del miércoles, mi experiencia en Ámsterdam y mi visita a la casa de Ana Frank. Besotes mil Sí, ha sido una satisfacción, tener un sueño, quizá pequeñito, quizá grande, y cumplirlo. Ir a visitar la casa de Ana Frank, he ido, la he visitado, he pisado la calle Prinsengracht donde hace años vivió/mal vivió Ana Frank. Y me emocioné, me resultó muy emocionante estar donde ella estuvo. Ver el árbol que ella vio. Os prometo que pronto abandonaré mi tono trascendente pero mi mini artículo de hoy lo requería. Ah, y me he enamorado de Ámsterdam. Besotes mil P.D.: Vale, habrá alguna fotillo mía. Amsterdam me ha encantado, la verdad, me parece una ciudad entrañable, acogedora y en la que la gente, o por lo menos la gente del centro, vive en sus casas unifamiliares de tres pisos, algunas torcidas para los lados, con total placidez. Las ventanas a la altura de la calle son amplias, grandes, sin cortinas, y ves a la gente en su interior haciendo su vida, una gozada. ¡Qué exhibicionistas!, pensaremos, pero no, porque la gente en Ámsterdam no se queda mirando las casas, los turistas sí lo hacemos pero los patrios no, viven así. Es su forma de ser. Y las paredes, casi todas, por lo menos sí las de las casas, limpias, sin pintadas, los cristales, débiles en apariencia, íntegros, sin romper. Incluso las cabinas de teléfono tenían pantallas de cristal líquido. ¿Alguien se imagina a los mendigos madrileños aporreando con el auricular las cabinas con pantallas planas? Aquí sí, cualquier cosa. Si esto llega a suceder en España la foto sería noticia en los diarios y suscitaría cartas al director de histéricos e histéricas ciudadanas indignadas con el comportamiento del abuelo ante el peligro del niño. Pero no, en Ámsterdam ambos viajaban felices por las calles de la ciudad, repletas de edificios que parecían colocados por un loco, torcidos, inclinados... como dientes de una dentadura en mal estado formando una preciosa sonrisa.En un patio cualquiera de una calle cualquiera unos chavales jugaban al fútbol, tranquilamente, sin gritos, sin aspavientos ni bravuconas muestras de masculinidad. Ay, mañana másBesotes mil P.D. La foto da problemas Sí, me permito este mini artículo de inmodestia para resaltar que el Carrusel se sale en cuanto a visitas hoy. Muchas gracias, pero a ver si esas visitas anónimas dejan algún comentario de cuando en cuando que, pa que nos vamos a engañar, se agradecen. Besotes mil Nada más llegar a la Estación Central, procedentes del aeropuerto, cogimos nuestras mochilas y comenzamos a caminar por una amplia avenida de Ámsterdam que era atravesada por un canal y a su vez cortada por varias calles, algunas de ellas también invadidas por el agua. Atravesábamos calles y calles y de repente divisé a lo lejos el letrero de una de ellas, ví a lo lejos la palabra Prinsengracht (Google me acaba de descubrir que significa Canal del Príncipe), sí, la calle donde Ana Frank vivió durante dos años escondida de los nazis. Me dieron ganas de tirar las maletas y correr hasta el número 263 pero creo recordar que estábamos en el mil y pico y claro, lo más lógico era caminar hasta el hotel y dejar las maletas y así lo hicimos. Pero después, caminamos hacia el número 263. Antes de llegar, al lado de una Iglesia se encuentra una pequeña y cuquina estatua homenaje a Ana Frank y al lado, el Homomonument, un homenaje a las personas homosexuales muertas, digo yo, durante el holocausto nazi. Y llegamos a la puerta del museo, situada en el número 267, hicimos la cola y entramos. No se podían hacer fotos del interior así que no tengo imágenes del mismo pero intentaré describirlo. Nada más llegar te encuentras una maqueta de la "casa de atrás" (podéis revisar uno de mis artículos anteriores los que no sepáis la historia de Ana Frank) y al lado en una vitrina, un Oscar, sí, un Oscar de verdad, no de esos de plástico a la mejor mama o al mejor amigo, un Oscar dorado. ¿De quién? Hace años, Shelley Winters lo ganó gracias a su papel de la señora Van Daan (uno de los ocho escondidos) y la mujer lo donó a la Casa Museo de Ana Frank. Y después comienza la visita. Un recorrido muy bien diseñado te lleva por toda la casa. Primero por la oficina de Opekta, la fábrica donde trabajaba Otto Frank y después, sí, por la casa de atrás. Un escalofrío te recorre el cuerpo cuando cruzas la estantería giratoria tras la que se escondía la puerta que daba al "refugio", escaleras empinadas, como muchas en Ámsterdam, y habitaciones pequeñas, restauradas para su conservación pero con fragmentos de las paredes originales en las que podemos ver las fotografías de artistas de cine que Ana pegaba en su habitación o las marcas que Edith Frank hacía en la pared para comprobar el crecimiento de sus dos hijas. Cerré los ojos y respiré. Sí, reíros si queréis, descojonaros pero a mi me dio la venada y lo hice. E hice algo en homenaje a Ana que, creo que ninguno de los visitantes que había por ahí hizo, abrí un poquito las cortinillas que cerraban las ventanas del patio interior y ví el castaño, el famoso castaño que Ana veía desde su ventana y que decenas de años después sigue ahí. Después, en plan algo más terrenal, estuvimos en la tienda de Ana y me gasté unos 90 euros en diferentes libros de textos y fotografías que ilustran la historia de esta familia. Ah, y al final, en un vídeo, Otto Frank recuerda a su familia, es muy emocionante. Pues eso, que me fascinó visitar la casa de Ana y que si tenéis oportunidad leeros el diario y después viajáis a Ámsterdam, que vueling.com lo pone todo muy barato y sus azafatos son muy guapetes. Besotes mil |
![]() |